LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

 La esclerosis múltiple es una enfermedad que provoca que el sistema
inmunológico
propio actúe contra la mielina, la sustancia que recubre las fibras nerviosas.

De manera progresiva, el sistema nervioso central pierde su función en distintas partes del organismo. Recientemente se han definido nuevos
criterios en el diagnóstico de la Esclerosis Múltiple (EM), que permiten un
diagnóstico más precoz y abordar la patología lo antes posible con el inicio
del tratamiento, un factor favorable para la evolución posterior.

El diagnóstico de esta afección inflamatoria crónica se basa sobre todo en las
manifestaciones del paciente. En una mujer joven que desarrolla deficiencias
motoras o sensitivas focales con recuperación posterior, la sospecha de la
enfermedad es alta. Para el diagnóstico, es suficiente una resonancia magnética compatible con la enfermedad

Hasta ahora, el diagnóstico se consideraba seguro cuando se habían registrado dos brotes de focalidad neurológica con evidencia de lesiones en áreas separadas del sistema nervioso central. El nuevo abordaje contempla que, para el diagnóstico, es suficiente que una sola resonancia
magnética
sea compatible con la esclerosis, sin necesidad de esperar un intervalo de tiempo con una segunda resonancia.

De esta manera, si una persona tiene una clínica sospechosa y la resonancia pone en evidencia lesiones, puede realizarse el diagnóstico sin tener que esperar a que el paciente registre un segundo brote o que se detecten
nuevas lesiones en otra resonancia posterior.

Ambas pruebas tienen como base la detección de inmunoglobulinas (anticuerpos) en el líquido cefalorraquídeo, que baña el cerebro y la médula espinal. El estudio del líquido cefalorraquídeo tiene también un papel importante en el diagnóstico de esta patología crónica.

El dato más relevante es el aumento de un tipo de proteínas (inmunoglobulinas) con la presencia de unas bandas características (bandas oligoclonales), un hallazgo común en el 80% de las personas que padecen esta forma de esclerosis.

En uno de los test desarrollados se detectan, en concreto, bandas oligoclonales de inmunoglobulina M, mientras que en el otro se detectan inmunoglobulinas G.

Ambas permiten identificar a los afectados con los primeros síntomas y
establecer una previsión en la evolución, que facilita el enfoque del
tratamiento de forma más o menos agresiva.

En 15 países de todo el mundo se lleva a cabo un ensayo con terapia de células madre.

La investigación intenta evaluar la eficacia del tratamiento con este tipo de células, obtenidas de la médula ósea del propio afectado, en la inflamación y los cambios degenerativos relacionados con la esclerosis múltiple.

En el ensayo está previsto que participen 16 pacientes. Los requisitos son que no atraviesen fases evolutivas avanzadas y haya fracasado la terapia habitual.

Este tipo de abordaje terapéutico tiene como objetivo reemplazar las células dañadas, aumentar los procesos de reparación y regenerar los circuitos
neuronales
.

La terapia con células madre actúa a través de la reparación
de la mielina dañada y de la inmunomodulación (intervención en los procesos de autorregulación del sistema de defensa), que evita el daño inmune al sistema nervioso.

También se espera que las células madre ayuden a reconstruir las fibras nerviosas perdidas, lo que podría reparar el daño provocado en su evolución, causa primordial de la incapacidad de esta afección. El recurso a células madre como posible tratamiento conlleva mucho interés científico y también mediático.

A pesar de ello, y de que algunas investigaciones revelan resultados esperanzadores, el uso de células madre en el tratamiento de la esclerosis múltiple está todavía en fase experimental, ya que es una técnica compleja, con posibilidad de efectos adversos importantes, relacionados sobre todo con la medicación inmunosupresora.

Hoy en día, las principales opciones de tratamiento pasan por los fármacos. Uno de los puntales son los corticoides en los brotes de la enfermedad, para disminuir la duración y gravedad.

Pero a pesar de que aceleran la recuperación de las exacerbaciones, no está
demostrado que influyan en la evolución de la patología ni en la discapacidad
final.

Otra línea de tratamiento son los medicamentos inmunosupresores y los interferones, que disminuirían la frecuencia
de brotes y la acumulación de discapacidad.

Otros utilizados son el acetato de glatiramer, con eficacia similar a la de
los interferones, aunque con otro mecanismo de acción, y los
anticuerpos monoclonales.

Entre las opciones más novedosas, figura fingolimod, primer fármaco de un nuevo tipo de sustancias que ayudan a reducir el ataque del sistema inmune al sistema nervioso central, lo que impide que los linfocitos lo dañen.

Por el Dr. Evelio Ramírez F. (Cuba)

Colaboración: Francisco Javier Mesén (Costa Rica)

Acerca de Shaliaj

Soy de Costa Rica, Tengo 42 años de edad. Soy Benei Noáj & Evangélico. Amó a Di-os, a Israel, amo al pueblo judío, celebro Shabbat, ademas estudio Toráh.
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