ENFERMEDADES ZOONÓTICAS TRANSFRONTERIZAS EN UN MUNDO GLOBALIZADOS

Enfermedades Zoonóticas Transfronterizas en un Mundo Globalizado

Una zoonosis (del griego: zoon animal; nosos enfermedad), es definida como una
enfermedad infecciosa en los animales que puede ser transmitida a los seres
humanos. El reservorio natural del agente infeccioso es un animal. Ejemplos
típicos de zoonosis son la rabia (enfermedad viral que es transmitida al hombre
por la mordedura de un animal infectado), y la psitacosis (infección por
clamidias con síntomas semejantes a la influenza, que se disemina a los seres
humanos a través de las deyecciones y estornudos de aves enfermas). El ántrax,
es una zoonosis también. Afecta a animales, especialmente a los rumiantes,
tales como ovejas, cabras, reses, y a monogástricos como los caballos, los
cuales pueden transmitir el agente microbiano al hombre por contacto directo con
ellos o por medio de sus productos. El agente causal del ántrax es uno de los
patógenos preferidos a ser empleados en caso de guerra bacteriológica.

Conforme la humanidad se multiplica y la mancha de la explosión demográfica cubre la faz de la Tierra, se observa un desarrollo económico en ciertos sectores y subsectores
de la población humana. Acompañado del progreso de nuevas tecnologías, las
sociedades alrededor del mundo encaran desafíos más complejos, antes
desconocidos. Sin duda, los seres humanos se hallan frente a un mundo cambiante
y de rápida evolución. Lugares en donde las luchas sociales locales
interaccionan con necesidades y prioridades regionales ejercen un impacto final
a nivel internacional y global.

Actualmente las naciones enfrentan graves problemas como son el cambio climático, la
inseguridad de fuentes energéticas, la proliferación nuclear, retos
hegemónicos, nacionalismos emergentes, terrorismo internacional, radicalismos
religiosos, un nuevo orden político multipolar, pero sobre todo, afrontan
nuevas enfermedades infecciosas. El surgimiento de novedosas enfermedades
zoonóticas, como el virus Nipah en cerdos en Malasia en 1999, el Síndrome
Respiratorio Agudo Severo (SARS) en cerdos en China en 2002, la Viruela de los
Simios en el hombre en los Estados Unidos a mediados del 2003, la Influenza
Aviar de Alta Patogenicidad, subtipo A/H5N1 (IAAP) durante el segundo semestre
del 2003 en el Sureste Asiático, Europa y África y finalmente el ortomixovirus
de la Influenza Pandémica A/H1N1 de marzo-abril del 2009 en San Diego y ciudad
de México, que a continuación se extendió a Estados Unidos, Canadá y al resto
del mundo, han alertado y concientizado a la opinión pública mundial, sobre las
relaciones multidimensionales entre los animales salvajes, los animales
domésticos, la producción pecuaria industrial y la salud pública tanto
veterinaria como humana a nivel global.

En un mundo en el que su población humana se va haciendo más afluente y se va enriqueciendo gradualmente en algunos países como China, India, Brasil, a la vez que está
mejor informada y más interconectada, y que alcanzará los nueve billones de
habitantes hacia el año 2050, los sistemas industriales de producción de
proteína de origen animal de todo tipo, se verán severamente presionados para
proveer alimentos pecuarios de alta calidad dentro de parámetros de la
seguridad alimentaria y del bienestar animal. Es más, conforme cerca de cuatro
billones de habitantes de este planeta, que habitan en países de economías
emergentes y que se mueven paulatinamente de la pobreza hacia mejores
condiciones de vida y con mayor capacidad de compra (Sureste Asiático, América
Latina), el consumo global de carne crecerá en cerca de cinco billones de
toneladas métricas por año. Tan sólo en el 2009, el consumo fue de 280 millones
de toneladas métricas. De hecho un reporte publicado por el International Panel
for Sustainable Resources Management, intitulado: Impactos en el Medio Ambiente
causados por la Producción y el Consumo, concluyó que la energía procedente de
los combustibles fósiles, por un lado, y por otro, la agricultura y la
ganadería en particular la de carne bovina y de leche, son las actividades que
más impactan desproporcionadamente en los sistemas de soporte y funcionamiento
de la vida de nuestro planeta. Estas y otras publicaciones proveen de
suficientes evidencias a investigadores, académicos, líderes de opinión, grupos
de acción civil e instituciones, para establecer medidas de transformación que
mitiguen los impactos y que reduzcan las presiones sobre la naturaleza, sobre
todo, en las décadas por venir.

El enorme crecimiento de la ganadería mundial para satisfacer las crecientes necesidades
y demanda por carne y leche, han llevado a la degradación del suelo provocando
la reducción de la superficie forestal, el empobrecimiento biológico del suelo
por el sobrepastoreo y una pérdida de capacidad del suelo para captar carbono
útil para el cultivo de cereales. Actualmente, la producción agrícola y
ganadera mundial es responsable del 18% de las emisiones de gas de invernadero
que contribuyen a los desbalances atmosféricos y 60 % de la contaminación de
fósforo y nitrógeno. Comparativamente, el principal generador de gases de
invernadero es el sector energético con un 62% del total de las emisiones de
acuerdo al Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas. Asimismo, se
esperan más cambios climáticos que afectarán la producción agrícola vía agua y
estrés calórico lo que facilitará la diseminación de enfermedades, infecciones
y plagas. En resumen, conforme las concentraciones de gases atmosféricos
alcancen niveles récord, las temperaturas globales podrían incrementarse de un
1.8 a 5.8 grados Celsius hacia finales del presente siglo. El ciclo hidrológico
mundial se verá también afectado, debido a que el aire caliente retiene más
humedad que el aire frío. Esto significa que algunas regiones geográficas
recibirán más lluvia, en forma de inundaciones catastróficas, mientras que
otras, sufrirán severas sequías. Si esto se hace realidad, las altas
temperaturas y los cambios en los patrones de lluvia ejercerán graves
consecuencias conllevando la aparición de enfermedades infecto-contagiosas
transmitidas por insectos vectores, enfermedades hídricas por aguas
contamidadas y por ectoparásitos de ambientes húmedos.

Conforme la salud pública veterinaria y humana global sean reposicionadas en las agendas de los organismos internacionales y nacionales, es imperativo que el desafío del
surgimiento de enfermedades infecciosas, sea enfrentado de manera sistemática y
dinámica, en paralelo a los cambios provocados por la agricultura y ganadería
intensiva y la aceleración de la producción pecuaria en general, conducirán
parcialmente a la depleción de los recursos naturales, utilización de la tierra
arable, tendencias a la globalización del comercio, cambios de la conducta
humana, cambios en los hábitos alimentarios, y nuevas tendencias en los
sistemas de distribución y comercialización de los alimentos. Adicionalmente,
el crecimiento de la población y las oportunidades de empleo seguirán
estimulando y acelerando la emigración rural campesina, del campo a las
ciudades. Además, los movimientos masivos de emigración de países pobres a
países ricos se agudizarán, existiendo el riesgo de que los servicios de salud
pública de las naciones receptoras se puedan colapsar, favoreciendo el
surgimiento de epidemias devastadoras. Las masas de seres humanos migrantes, al
cruzar los territorios de sus propios países se verán expuestos a patógenos
transmitidos por vectores y los acarrearán irremediablemente, a los países a
donde emigren, y en los que la población oriunda tendrá poca resistencia e
inmunidad.

Igualmente, individuos viajando grandes distancias por vía área entre continente y
continente en viajes de negocio o de placer, pueden viajar con patógenos en
período de incubación o atrapar diferentes tipos de gérmenes y llevarlos de
retorno a sus lugares de origen.

En los años venideros, un importante reto para la salud pública veterinaria será el
balancear las necesidades de la obligada y vital producción pecuaria de
carácter intensivo para satisfacer la demanda de consumo de proteínas de origen
animal, con la amplificación y diseminación de patógenos y el surgimiento de
“man-made diseases”, en los sistemas de producción pecuaria a nivel mundial.
Evidentemente, enfrentar los problemas infecciosos en las poblaciones humanas
potencialmente hospedadoras, exige considerar los diversos estilos de vida,
aliviar los niveles de pobreza, implementar acciones de seguridad alimentaria,
bienestar animal, y protección del medio ambiente, mientras en paralelo, será
necesario analizar y valorar los éxitos, fracasos, amenazas y oportunidades.

Debemos reconocer que los avances logrados por la ciencia y la tecnología en medicina humana y en medicina animal durante las últimas décadas, nos confieren un nivel de
conocimiento y de confianza para enfrentar las posibles amenazas y retos
desconocidos que nos depara el futuro en infectología y epidemiología. Las
zoonosis nos llevarán a un nuevo campo, a la interfase compuesta por el
trinomio: “Ecosistema-Salud Animal-Salud Humana”.

Las enfermedades infecciosas siempre han sido y serán parte de nuestras vidas. Los agentes y gérmenes patogénicos requieren de hospedadores animales, humanos y vegetales para vivir, reproducirse y diseminarse. Las ciencias de la medicina preventiva,
de la epidemiología y de las artes curativas para mantener la salud de hombres,
animales y vegetales son los pilares que sostienen el edificio de la salud
unitaria.

La medicina veterinaria y la medicina humana se han considerado como entidades
independientes a lo largo de los siglos. Sin embargo, con el surgimiento de los
ortomixovirus de la Influenza Aviar de Alta Patogenicidad A/H5N1 y de la
Influenza Pandémica A/H1N1, médicos veterinarios y médicos humanos, nos
percatamos de que ambas disciplinas se necesitan mutuamente más que nunca y que
requieren interactuar unidas estrechamente, para devenir una sola. Se trata del
caso perfecto que ilustra, como la salud dentro de las comunidades biomédicas
fue vista en el pasado y como es percibida ahora. No podemos manejar la
salud de manera independiente. La simple verdad es que existe: “Un sólo Mundo y
una sola Salud”. Con este concepto en mente, la Organización Mundial para la
Salud Animal (OIE) con sede en París, la Organización Mundial para la
Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) con sede en Roma, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) con sede en Ginebra y el Fondo de las
Naciones Unidas para la Niñez (UNICEF) con sede en París, en colaboración con
el Banco Mundial con sede en Washington y el Sistema de Coordinación para la
Influenza de las Naciones Unidas (UNSIC), han establecido el concepto de “One
World, One Health”, cuya mecanismo de acción deberá ser internacional,
colaborativo, intersectorial y multidisciplinario, con el objeto de enfrentar
las amenazas y reducir los riesgos de enfermedades infecciosas englobadas en la
interfase: “Ecosistemas-Animales-Humanos”.

Este novedoso concepto se basa en las lecciones aprendidas y en los logros
obtenidos en las acciones implementadas durante la lucha contra la panzootia
causada por virus de Influenza Aviar H5N1 de filogenia asiática y en la batalla
contra el virus pandémico de Influenza H1N1.

Este modelo de trabajo promete ser el adecuado para hacer frente a los
desafíos multidimensionales que tan rápidamente se presentan y evolucionan en
este mundo siempre cambiante. Mientras unas regiones geográficas se beneficiarán
más que otras de este novedoso concepto de “Una Salud”, se espera que sea capaz
de prevenir o bien reducir los daños causados por enfermedades infecciosas
catastróficas en zonas de alto riesgo, especialmente en países en vías de
desarrollo de regiones tropicales, en comparación con países desarrollados.

Como ha sido el caso de todas aquellas acciones empredidas por el hombre, el concepto “Un Mundo, Una Salud”, probablemente encontrará resistencias de tipo cultural, político y mismo comercial y enfrentará numerosos retos técnicos y logísticos, sin embargo, como
muchos de los grandes movimientos e iniciativas en la historia, “Un Mundo y Una
Salud”, deberá ser exitoso y triunfar al paso de un futuro cercano

Por el Dr. Evelio Ramírez F. (Cuba)

Colaboración: Francisco Javier Mesén (Costa Rica)

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Acerca de Shaliaj

Soy de Costa Rica, Tengo 42 años de edad. Soy Benei Noáj & Evangélico. Amó a Di-os, a Israel, amo al pueblo judío, celebro Shabbat, ademas estudio Toráh.
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